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👉 Suscribirme gratis a La Mirada PacienteEl otro día volví al coche absolutamente agotado. Había estado fuera poco más de una hora intentando hacer fotografías de paisaje, pero, si te soy sincero, ahora mismo ni siquiera recuerdo qué imágenes registré.
Llegué a la localización, planté el trípode, hice clic, corrí a por otro encuadre, casi me tropiezo, miré el móvil, busqué la siguiente composición…
No disfruté nada. Ese día viví mi propio “Black Friday fotográfico”.
Solo quería llevarme imágenes a casa. Rápido, sin pensar. Daba igual si me gustaban o no; sentía que si la luz estaba ahí, tenía la obligación de registrarla. Usé filtros mal puestos por las prisas, no me di tiempo a experimentar y, lo que es infinitamente peor: no me paré a sentir el lugar.
Incluso cuando intenté respirar un segundo, mi cerebro me gritó: “¡Corre, que te estás perdiendo la luz!”. Y arranqué de nuevo a coleccionar encuadres. El resultado final fue una tarjeta de memoria llena, una herida en la espinilla y cero experiencias reales para mi archivo mental.
Si alguna vez has sentido esta ansiedad fotográfica, hoy quiero invitarte a reflexionar sobre cómo estamos arruinando nuestra propia creatividad.
El peligro de llevar la productividad a la naturaleza
Los fotógrafos y fotógrafas actuales tenemos un problema grave: hemos llevado la productividad y las prisas “de la oficina” al campo. Creemos que una salida fotográfica solo es un éxito si volvemos con docenas de archivos RAW listos para editar.
Piénsalo un momento: si solo tienes 15 minutos libres al salir del trabajo para acercarte a un bosque o a la costa, y te pasas ese tiempo sufriendo y corriendo porque desearías tener 30 minutos, en realidad has perdido los 15. Te llevarás a casa un lote de imágenes mediocres hechas con estrés, y no tendrás ni un solo recuerdo de la brisa en la cara o de cómo se filtraba la luz a través de las ramas.
Necesitas sentirte bien para que tus fotografías transmitan algo bueno. Si la experiencia fue mala, si hubo estrés y prisas, esa emoción negativa se queda pegada al archivo digital.
La fotografía es el residuo de una experiencia
A menudo, nos comportamos como acumuladores. Pero la fotografía de naturaleza no debería ser un trofeo que recolectar a toda costa, sino el hermoso residuo visual de una experiencia vivida. Si no disfrutas el proceso, la imagen nace muerta.
No quiero salir al campo a rellenar un catálogo. Quiero salir a vivir el paisaje. Y si esa experiencia me lleva, de forma natural, a montar el trípode y hacer fotos, genial. Sea una imagen, sean cien, o no sea ninguna.
Date permiso para hacer menos fotografías
Aceptar que quizás hoy solo harás una foto (o que volverás con la cámara apagada) es un pensamiento tremendamente liberador. Al quitarte la presión de “producir”, te das permiso para observar.
No tendrás tu dosis diaria de archivos para editar frente al ordenador, es cierto. Pero habrás vivido. Habrás desconectado. Habrás ganado.
Yo sigo cayendo en mi propia trampa de vez en cuando (ya has visto mi anécdota reciente), pero si algo he aprendido es esto: cuantas menos fotografías salgo a buscar, mejores son las imágenes que encuentro.
Mañana volverá a salir el sol. No te compliques cargando demasiado equipo ni te obsesiones con conseguir la foto del año. Baja las revoluciones, respira hondo y déjate inspirar por lo sencillo.

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